Viaje por Croacia – Julio 2008

Posted Juliol 17, 2008 by Natxo
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Introducción

 

Este texto no pretende ser ni una guía de Croacia (que para eso ya están algunas excelentes publicaciones en el mercado) ni tampoco un relato de nuestro viaje que incluya referencias a sitios interesantes que ver, que para eso hay otras direcciones más expertas, sino un conjunto de ideas e impresiones que nos dejó el tipo de viaje que hicimos y el modo en que afectó a los lugares que visitamos.

A partir de ahí, que cada cual saque su propia opinión.

 

En nuestro caso contratamos un circuito de Iberojet que incluía los dos vuelos entre Barcelona y Dubrovnik, todas las noches de hotel con desayuno y un coche de alquiler. El nombre del paquete era “Croacia a fondo desde Dubrovnik” y realmente sí ves una parte importante del país, pero a costa de unos empachos de carretera y una rutina diaria un poquito estresante una vez compruebas lo concurrido y comarcal de las carreteras y el tiempo que queda una vez llegas a destino.

 

Normalmente la media será de 50 kms la hora en las carreteras de la costa (entre Split y Dubrovnik) y las que cruzan el país por el interior. Así, por ejemplo, los 210 km que separan Split de Dubrovnik requieren unas cuatro horas en todos los casos y el tipo de carretera es parecido al de cualquier comarcal costera catalana. El paisaje, eso si, es impagable.

Por autopista, aunque haya tráfico, el ritmo puede ser de unos 120-130 km/h, pero cuidado con el tramo entre Zagreb y Zadar; hay dos túneles en obras y lo más probable es que tengáis que estar una hora parados o en caravana, y eso independientemente de la hora en que uno se ponga en marcha.

Vistas las opciones y opiniones que hemos encontrado en la red, esta opción (ruta a tu aire) estresa un poquito. s la voy a contar con todos los detalles que recuerde por si a alguien le sirve.

Nuestro vuelo salía del aeropuerto del Prat a las 9.20 de la mañana. Te obligan a presentarte allí dos horas antes; teniendo en cuenta que salíamos de Figueres (a 150 km del aeropuerto) tuvimos que levantarnos a las 4 de la mañana. La agencia de viajes nos dio un talonario de cheques para ir obteniendo los diferentes servicios del pack, pero a la hora de la verdad solo en la agencia de alquiler de vehículos nos los pidieron.

El vuelo tarda entre una hora y cuarenta y cinco minutos y dos horas en llegar a Dubrovnik. Vale la pena echar una ojeada por la ventanilla del avión para tener una primera impresión panorámica de la ciudad al sobrevolarla, su Grad y Lapad, la península donde es probable que se encuentre vuestro hotel.

Al llegar y recoger el equipaje (muy rápido teniendo en cuenta que es un aeropuerto pequeño, del tamaño del de Girona) nos esperaba una empleada de la compañía con un sobre con los vales de reserva de los hoteles. Al ser un paquete semi-concertado, es posible que sea ahora cuando os enteréis de los hoteles que os han “tocado”, pero la agencia de vuestra ciudad puede obtener esta información antes si se la pedís.

No obstante, es muy recomendable disponer de una guía de Croacia; en este sentido, nosotros tiramos de la de Lonely Planet, que nos pareció excelente y acertada en todo cuanto comenta. A pesar de todo, todos los hoteles que nos tocaron disponían de información sobre cada ciudad y eran relativamente fáciles de localizar.

 

El alquiler del coche

Básico que tenga aire acondicionado. Cuando estéis parados en una caravana resultará imprescindible. Los empleados de la oficina hablan todos inglés. Se te ofrecerá contratar una anti-franquícia por unos 50 euros (350 hkn). Os recomiendo que la compréis; eso evitará posteriores dudas si, como nos pasó a nosotros, un abuelo croata os “saluda” por detrás en Zagreb y luego se despide en su idioma sin parar…

Recordad que os dan el coche con el depósito lleno y es así como esperan que se devuelva. Hay una gasolinera a 100 metros del aeropuerto.

Si se quiere un navegador (que puede ser útil por ejemplo en Zagreb o Split) hay que reservarlo cuando se alquila el coche en origen; si no, probablemente estarán agotados; creo recordar que el precio era de 12 euros al dia…

 

Del aeropuerto al hotel

De Cilipi a Dubrovnik hay unos 20 km, que tardan en recorrerse una media hora. Nuestro hotel allí era el Grand Park Hotel y está en la península de Lapad, al norte de la ciudad, como casi todos. Después de dar un par de vueltas lo encontramos sin más dificultad (la mayoría están bien indicados a pesar que las calles de la península son un pelín caóticas).

Después de dejar las maletas y esperar al mediodía para el “check in” (si llegáis antes seguramente tendréis que esperar hasta las 12 o la 1), hicimos una pequeña incursión pedestre por Lapad para picar algo.

En general, la comida en Croacia es buena en todas partes, pero hay una diferencia notable entre los sitios céntricos y/o turísticos y los que están más separados, que puede rondar hasta el triple en algunos casos (Dubrovnik es el paradigma).

Por ejemplo, esta primera comida (al ser zona de costa abundan las pizzerías y restaurantes de pescado y carne), consistente en dos ensaladas y dos platos de pasta nos salía por poco más de 35€ (250 hkn). El café (se pide “expresso”) es muy bueno en todas partes excepto en los hoteles, donde es un brebaje imbebible que solo recuerda al café por el color…

 

Las habitaciones de los hoteles

En relación con lo que uno se encuentra en otras partes de Europa, choca el hecho que no hay sábana!… hay ajustable y luego un nórdico metido en una funda de sábana. Así que cada cual halle su mejor opcion!.

El Hotel de Dubrovnik era el Grand Park Hotel, con piscina. El típico hotel costero; en general, muy cómodo y con una vista sobre una de las bahías de Lapad muy gratificante. Nos chocó un poco la primera mañana, al volver del desayuno y prepararnos para la primera visita al Grad (centro) de Dubrovnik, encontrarnos con la camarera arreglando la habitación; la mujer hizo como si nada y siguió a lo suyo con nosotros dentro cepillándonos los dientes o preparando las mochilas, pero en general el servicio es muy bueno.

 

Llegar al grad (centro histórico) de Dubrovnik

La manera más recomendable es coger el bus número 6. Las paradas más concurridas, y cerca de cada hotel hay una a cinco minutos, tienen quioscos cerca donde comprar el billete (un solo viaje cuesta 8 hkn pero también se pueden comprar al conductor por 10 hkn). Puede ocurrir que el bus venga rebosar, pero los urbanitas lo soportaréis. El trayecto hasta el grad durará entre 10 y quince minutos y os dejará delante de la puerta Pile.

Olvidaos de ir desde Lapad al Grad a pie (se tarda más de 45 minutos y en verano hace mucho calor incluso después del crepúsculo) o en coche particular, pues no lo podréis aparcar en ningún sitio.

Para volver, lo mismo, aunque os podéis decantar por un taxi, que os costará entre 45 i 85 hkn en función del hotel al que vayáis.

 

Primer y segundo día en Dubrovnik

Seguid las indicaciones de cualquier guía para ver lo más recomendable. Nosotros pateamos arriba y abajo el Stradum y sus calles perpendiculares, atestadas de gente hasta arriba (eso ocurre a cualquier hora, a pesar de que las guías aseguran que los cruceristas vuelven a los barcos antes de cenar…)

Cenamos en el Domino (cuarta o quinta calle a mano izquierda desde la puerta de Pile), un restaurante especializado en carne donde probamos unos filetes excelentes y el buen vino croata, todo ello por unas 600 hkn. El expresso al final de la cena es casi obligado, aunque tened cuidado si queréis un café con hielo… para el croata mezclar el excelente expresso que preparan con hielo es como si a nosotros nos propusieran lo mismo con un buen rioja y gaseosa… la mirada criminal del camarero puede resultar fulminante!

No podéis perderos el recorrido por las murallas ni sentaros en alguna terraza de la  plaza al final del paseo a ver pasar gente.

En las horas de más calor y teniendo en cuenta el palo de coche que os espera el día siguiente puede ser una buena idea darse un chapuzón en la piscina del hotel o bajar a la playa que hay cerca del hotel Kompas.

 

Tercer día. De Dubrovnik al parque nacional de Plitvice.

Son unos 550 Kms. y unas 8-9 horas de coche. Había que salir temprano!.

Desde Dubrovnik a Split no hay más remedio que tomar una carretera que en España sería comarcal y que en verano va atestada a todas horas. A unos 60-50 Kms. al norte encontramos la frontera con Bosnia; el control de pasaportes hace que podáis encontrar la primera caravana del viaje; en nuestro caso fue a la vuelta y de una media hora. Vale la pena pararse en Makarska.

Hasta la salida de Split se tardan unas cuatro horas; luego se tienen dos opciones; antes de Split hay un desvió en Bela para tomar la autopista hacia Plitvice. Como queríamos ver el interior, lo pasamos y giramos hacia el este, hacia el interior, para ver Sinj, donde paramos a comer, y Knin (uno de los escenarios clave del conflicto entre croatas y serbios. De hecho, a su salida hay un par de tanques como testimonio monumental). La carretera, peor aún que la de la costa, es tortuosa y es utilizada por muchos camioneros cuya velocidad raras veces supera los 60 km/h y a quienes es casi imposible adelantar. Llegamos a Plitvice a las 7 de la tarde, agotados de curvas y calor.

Nos alojamos en el hotel Jezero. A pesar de que se dice que es el mejor del parque, se parece a un albergue de la tercera edad (está atestado de jubilados siempre), pero cumple perfectamente su cometido de lugar de paso.

Para cenar se puede optar por el restaurante del hotel o bien por uno propio del parque a unos metros del hotel, cuyo servicio y calidad son más que correctos. A las 10 de la noche ya estábamos en el sobre, dispuestos a levantarnos temprano al día siguiente.

Nota: si lleváis un jersey en la maleta, Plitvice será el lugar donde lo sacaréis, ya que al ser un parque un poco elevado hace más fresco que en la costa. De noche la sábana nórdica croata se agradece. Si lleváis repelente de mosquitos es el momento de usarlo sin reservas.

 

Cuarto día: de Plitvice a Zagreb

Diana a las 7.30 y disparados hacia el comedor del hotel, donde hordas interminables de jubilados con sus gorras, chanclas con calcetines y cámaras de fotos habían tomado el salón y las bandejas del desayuno y habían provocado una cola incomprensible para servirse el brebaje croata que sus hoteles llaman café…

Por un momento temimos que la cola fuera el preludio de una visita multitudinaria del parque, pero era una falsa alarma. Ese gentío no iba a visitar el parque justo después del desayuno, sino que ya se marchaban en algunos de los muchos autobuses que poblaban el amplio aparcamiento del hotel (que, dicho sea de paso, también fue fácil de encontrar). Las guías recomiendan iniciar la visita (110 hkn) temprano para evitar multitudes, así que dejamos el equipaje en el coche y bajamos al embarcadero del parque para tomar una barcaza e iniciar nuestro recorrido. A primera hora de la mañana los lagos son muy recomendables.

Existen cinco o seis posibles rutas dentro del parque, que combinan barcaza, bus y paseos a pie, y para los que no hay más que seguir los paneles. Optamos por el recorrido de 2 horas, que hicimos en una y media.

Es realmente bonito, pero si uno ha hecho la ruta entre Queralbs y el Valle de Nuria, en el pirineo catalán, impresiona menos. Si hubiera que prescindir de algo de nuestra visita a Croacia, creo que Plitvice seria el primero en caer.

Sin mucho más tiempo que perder, a las 10.30 volvimos al hotel y nos dispusimos a retomar nuestro camino a Zagreb. La carretera aquí es algo mejor y los 150 kms se pueden hacer en unas dos horas y media.

Para moverse por Zagreb, los urbanitas no tendrán mayores problemas. Los hoteles están indicados en las entradas y se puede uno acercar bastante antes de intentar encontrar un aparcamiento para desembarcar en el hotel. Es interesante saber si el hotel tiene parking y donde, para no dar vueltas por la ciudad buscando un aparcamiento que es escaso y caro en el centro (8 hkn el cuarto de hora, y un máximo de una hora, bajo amenaza de grúa).

Nuestro hotel era el Dubrovnik, que si tiene aparcamiento (80 hkn/dia). Su situación, servicio, calidad y comodidad son excelentes y sirve de punto de partida para una visita relámpago (el tipo de viaje y su programación lo dan para mucho más) a la zona alta y a la baja, ya que la calle donde se encuentra el hotel es la línea divisoria entre ambas.

En el hotel se pueden encontrar planos que incluyen las dos rutas, que pueden completarse en unas cinco o seis horas de pateo por Zagreb. Después de eso, cenamos en la parte alta, en el restaurante Agava, a diez minutos del hotel, y que se encuentra en la zona de copeo y juvenil. Su terraza, su comida y su servicio son muy buenos y así se refleja en las guías que lo incluyen. Después, un gintonic en un bar y a la cama, que el día siguiente era de órdago…

Nota: si pedís un gin tonic en Croacia, os lo van a servir un en un vaso bajito y con solo un par de cubitos: la tónica es tan dulce que casi parece sprite y el combinado se calienta enseguida, así que tal vez sea mejor decantarse por alguna de las cervezas croatas, como la Karlovacko…

 

Quinto día: De Zagreb a Zadar pasando por el túnel de Sveti Rok

Era sábado por la mañana y los zagrebenses en masa toman la autopista para ir a la playa, a escasas tres horas de la capital… eso lo averiguamos al acceder a la atestada autopista.

Así que la primera caravana del día nos la encontramos en la autopista, en su entrada. En relación a los atascos y los precios de las vías de pago, dada nuestra condición catalana, y nuestro hábito de pagar fortunas por nuestras autopistas domésticas para trayectos cortos, ni nos inmutamos, pero a alguien le puede parecer un abuso.

Los dos primeros tercios del recorrido fueron a un ritmo aceptable, pero el problema llego a unos 50 kilómetros de Zadar. Existen dos túneles de camino hacia allá; uno de ellos, el llamado Sveti rok, está en obras y solo dispone de un carril en cada sentido, de modo que se montan unas colas de diez km. en cada sentido por ese motivo. Por eso decía antes que más vale que funcione el aire del coche, porqué a las 12 de la mañana el sol croata es de justicia…

Superado el escollo, llegamos a Zadar a las 13 horas del sábado. A excepción del centro, el lugar es más bien feo y recuerda a cualquier población costera en pleno verano, con una población juvenil muy abundante, con sus scooters y las ansías, costumbres y hábitos que les son propios…

Nuestro hotel, el Kolovare (no hay casi ninguno en el grad o centro) estaba a quince minutos de la puerta principal del casco viejo, y eso es tal vez lo mejor que pueda decirse de él…

Comimos donde debíamos haber cenado… el antiguo restaurante Fusa, justo al lado de la puerta de entrada del grad, resulto excelente, pero al volver al hotel comprobamos que el lugar se prestaba más y mejor a una cena.

Y sobre Zadar, pues, como Plitvice, visto el tipo de viaje estresante y de carretera y manta a contrareloj, podía ser obviado. Su casco antiguo se parece al de Dubrovnik o Trogir, o Plit, pero más sucio y tomado por bares de adolescentes y ríos de turistas. Lo mejor es el paseo marítimo y su puesta de sol al lado del órgano marino (que al cabo de quince minutos ralla un poquito)

Así, a medianoche, retomamos el camino del hotel y nos fuimos a dormir (lo que el ruido del paseo al lado del que se encuentra el hotel y los mosquitos nos dejaron) esperando el día siguiente.

 

Sexto día. De Zadar a Split pasando por Trogir

De buena mañana, como habitualmente, carretera y manta. Se puede decir que éste fue el día más plácido de todos; la distancia, de tan solo 150 kms. y el hecho que paramos a medio camino, en Trogir, junto al hecho que tomamos la autopista, hizo que todo fuera más relajado que en otras jornadas.

La salida de Zadar la hicimos por una autovía que se convierte en autopista, con poco tràfico (eran las 9 de la mañana), de modo que a las 10 y media ya entrábamos en Trogir. Aparcamos en uno de los parkings de la entrada de la ciudad y de ahí al centro hay cinco minutos andando.

El pueblo es muy recomendable; parecido a Zadar: callejuelas estrechas, de mármol y piedra, de entramado laberíntico, pero mucho más limpio y con un paseo marítimo jalonado de yates de lujo y de terrazas no tan concurridas como las de Dubrovnik o el mismo Zadar.

Tomamos el enésimo expresso en la plaza del ayuntamiento y callejeamos hasta la hora de comer, cosa que hicimos muy bien en uno de los restaurantes recomendados por la guia Lonely Planet, el Fontana.

A las 4 retomamos la autopista y en tres cuartos de hora llegamos a Split, ciudad que promete muy poco en su entrada. De nuevo fue fácil llegar al hotel; los carteles indicadores están bien situados y permiten no perderse. En nuestro caso se trataba del hotel Dalmina, en un polígono industrial. Alejado, pero muy cómodo y limpio.

Decidimos tomar un taxi ya que en domingo los buses no son muy regulares, según la recepcionista del hotel. Por 50 hkn llegamos al centro de la ciudad, muy animado, y vimos el palacio de Diocleciano, el paseo marítimo y algunas de las calles adyacentes. Cenamos en una pizzería del final del paseo y después de certificar que los gintonics croatas no son lo mejor que saben hacer, otro taxi nos dejó en el hotel. Hay que decir que encontrar un taxi es relativamente sencillo en todas las ciudades que visitamos y no sablean excesivamente.

 

Séptimo día. De Split a Dubrovnik

Como la guía avisaba que la carretera podía estar muy concurrida, salimos pronto otra vez, a sabiendas ya de lo que nos esperaba, puesto que era la misma ruta que la del tercer día.

Se tardan 4 horas en recorrer los 200 Kms. que separan ambas ciudades; la ruta es bonita, pero agotadora y se tiene que volver a mostrar el pasaporte en la aduana bosnia. Con más tiempo, Mostar y Sarajevo están a tiro de piedra a unos cien kilómetros de Dubrovnik, pero otra vez será…

Volvimos a entrar en la perla del adriático a las 2 de la tarde y esta vez el hotel se encontraba en el complejo Importanne Resort, en el límite norte de la península de Lapad; las mejores instalaciones del circuito, con una vista magnífica y una zona de ocio con restaurante, bar, piscina, etc. magnífica.

Picamos algo en el mismo hotel y bajamos por última vez con el bus núm. 6 (tiene su salida al otro lado de la calle enfrente del mismo hotel) al Grad, donde paseamos por el Stradum y cenamos en un restaurante de pescado (plato de pescado para dos, una ensalada griega y una botella de vino blanco croata por 650 Hkn) que en nuestras ciudades están siempre llenos de guiris, que son captados a pie de calle por los camareros. Este restaurante (Teatar) es uno de los muchos que empiezan a tener carta y cuyos camareros hablan algo en español, o en un sucedáneo bastante comprensible.

Al final, un helado y el paseo de despedida del Stradum.

 

Último día. Regreso

El vuelo salía a las 12.20 de Dubrovnik; como el aeropuerto está a unos 20 Kms. y había que devolver el coche no corrimos riesgos y salimos para allá pronto. El trámite de devolución del coche en las oficinas de las agencias de alquiler (situadas a 200 metros del aeropuerto) es un poco engorroso. El empleado hasta revisa los bajos del coche. Recordad de dejar el depósito lleno.

 

Y hasta el vuelo, esto es todo lo que dio de si.

Espero que estas breves notas sirvan de alguna ayuda al que quiera recorrer Croacia como hicimos nosotros.

¿Una recomendación final?… tal vez viajar en septiembre y dedicar dos o tres días a Zagreb y uno o dos más a Dubrovnik. La reflexión final es que un circuito programado como éste no deja mucha libertad y ata al coche demasiadas horas comparadas con el tiempo que se tiene para disfrutar de los lugares a los que se llega…

 

Ala, saludos y buen viaje!

 

Una simple gota d’aigua en un oceà immens

Posted Març 17, 2008 by Natxo
Categories: General

Doncs en definitiva, és això.

Un intent, feble i discret – al principi – de dir coses que de vegades, i fins i tot massa sovint, no trobo temps de dir o redreçaria amb paraules diferents o simplement, no diria.

El ritme de vida que tots plegats hem assumit i practiquem no ens deixa prou temps per dir-nos coses amb calma ni encertar el pensament de l’altre quan se’ns convida a atansar-nos-hi. Així, he decidit escriure aquest petit blog – un entre tants milions – amb la voluntat de ser entès quan costa d’entendre’m i de ser llegit per qui en tingui ganes.

I hi penso dir de tot. Hi tindran cabuda reflexions personals, comentaris d’actualitat – quan la inspiració no només decideixi visitar-me sinó també quedar-se amb mi una temporada – i tot allò que cregui que mereix ser escrit.

Podria començar parlant de qualsevol cosa, perquè n’hi ha moltes que m’interessen, em preocupen i fins i tot m’angoixen, però com diu el tòpic, cada cosa al seu temps. De moment vull submergir-me en la configuració d’aquest blog per mirar de donar-li una aparença digne i atractiva. Fet i dit això, començaré a omplir-lo del que calgui.

Fins aleshores, doncs, salut!